Crianza o reserva, en barrica o en botella, quizás pocos procesos de elaboración provoquen unos debates tan acalorados entre los partidarios de un tipo de vino u otro, como la crianza del vino. Cuando acabamos de descubrir el mundo mágico del vino, solo tenemos ideas dudosas al respecto, pero a lo largo de los años nos convertimos en fans de uno u otro tipo de crianza. Cada cabeza, su sentencia, pero es importante que todos puedan relajarse después de un día duro con una copa de vino, cuya crianza le parece más adorable. Por cierto, si eliges los vinos de La Manchuela, su alta calidad siempre estará a la altura de tus expectativas.

¿Qué es exactamente la crianza de vino? 

Entonces, ¿qué es exactamente la crianza de vino? Es un proceso de envejecimiento y maduración de un vino para conseguir los mejores aromas y matices, ya sea en barricas o en la propia botella.  Ya sabemos que existen clasificaciones de vinos por color – tinto, blanco y rosado; por la cantidad de azúcar – secos, semisecos, semidulces y dulces. Ahora ha llegado el turno de la clasificación de los vinos por crianza.

Según este criterio, los vinos se dividen en joven, crianza, reserva y gran reserva. Si tuviésemos que centrarnos en una sola palabra, podríamos decir que el principal condicionante es el tiempo. Esta clasificación de los vinos en referencia al tiempo de maduración y envejecimiento que se les ha dado en la bodega es típica de España, así que solo la vamos a encontrar en vinos de origen español.

Vino joven

Cuando hablamos de vino joven (o también de vino de año), tenemos en cuenta que este vino, como norma general, no ha tenido un proceso de crianza o envejecimiento tras la fermentación alcohólica y maloláctica, fundamentalmente en barrica, aunque puede ser también en depósitos de hormigón o en tinajas de barro. Son vinos que prácticamente, entre 2 y 4 meses después de la vendimia, se encuentran listos para su consumo. La melodía del vino se compone de un entretejido preciso de aromas y matices.

En la copa, definitivamente se siente el predominio de la uva, complementado con aromas frutales: cítricos, tropicales, con el agregado de mermelada o confitura. No se excluye un regusto diferente, con sutiles notas de frutos del bosque y del jardín. Así es el famoso vino “Hoya del Carmen”, vino tinto joven, elaborado con las mejores uvas de Tempranillo en la bodega Vega Tolosa.

El vino de color careza y borde violáceo y con aroma intenso, fruta roja y violetas puede ser acompañado con quesos cremosos, pescados como bacalao al pilpil, y carnes como la casquería. Cabe señalar que el vino joven debe consumirse a una temperatura de 10 a 13 grados en el caso del blanco joven y de 17-18 C en el caso del tinto. El sobrecalentamiento amenaza con rancidez y un aroma acre, y la hipotermia altera el sabor.

Semi-crianza o Roble

Entre vinos joven y crianza existe una categoría más: semi-crianza o Roble. Es el vino que ha pasado menos de 6 meses en la barrica, pero sin llegar a los periodos de crianza de los distintos consejos reguladores. No llegan a poder clasificarse como “crianzas”, para lo que necesitarían 12 meses de barrica pero si adquieren aromas y sabores a madera que los hace mas elegantes y complejos que los vinos sin crianza. Según El Diccionario del Vino, сada vez más bodegas sacan al mercado semicrianzas ya que en general, se aumenta la calidad respecto a los vinos jóvenes y su puesta en el mercado requiere menos tiempo (y dinero) que los vinos de crianza.

Crianza

En cuanto al vino de crianza, los tintos de esta categoría aportan un envejecimiento total mínimo de 24 meses, de los cuales al menos 6 deben ser en barrica. En el caso de vinos blancos y rosados el tiempo de maduración total mínima desciende a 18 meses, al menos 6 de los cuales deben cumplirse en barrica. Estos vinos pueden aguantar de cinco a diez años de vida, en función de las condiciones de almacenaje. A medida que permanece en barrica, este vino va ganando los matices y aromas que le confiere la madera.  El vino puede aguantar de cinco a diez años de vida, en función de las condiciones de almacenaje.

Vinos Reserva

Los vinos reserva son aquellos cuya crianza, en el caso de los vinos tintos, requiere, como mínimo, un periodo de 3 años. Al menos 12 meses el vino permanece en barricas de roble. Para blancos y rosados la cifra sería de 24 meses totales de guarda, con un mínimo de 6 que deben transcurrir en barrica. Como la reserva es la siguiente etapa de maduración de un vino, cuentan con mayor calidad que los crianza porque su tiempo de envejecimiento es mayor pero no tiene que ser mejor que un vino joven. Según Vinetur, la revista digital del vino, la diferencia entre un vino blanco o rosado de crianza o de reserva es que este último se pone a la venta a partir del tercer año.

Gran Reserva

Por último, gran reserva  presupone la crianza del vino durante al menos 60 meses. En el caso de los vinos tintos, estos vinos deberían pasar al menos 18 de esos 60 meses en barrica. En el caso de vinos blancos y rosados gran reserva, el tiempo total de envejecimiento no debe descender de los 48 meses, de los cuales, al menos los 6 primeros deben transcurrir en barrica.

Vinos gran reserva tienen un color intenso, con sabor expresivo y complejo. Este vino va bien con platos de pescado, quesos y foie gras. Los vinos de gran reserva no se produce todos los años y tiene un alto estatus y exclusividad.

La clasificación de vinos anterior te ayudará a abordar aún más cuidadosamente la elección de tu bebida favorita. Sea cual sea el vino que elijas, joven, semicrianza, crianza, reserva o gran reserva, puedes estar seguro de que los vinos de La Manchuela volverán a confirmar su alta calidad. En esta tierra nunca se equivocará con la elección.

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