El enoturismo se ha convertido en una modalidad turística con gran demanda en España. Cada vez son más las personas que se animan a realizar pequeñas escapadas en las que el vino es el auténtico protagonista. Sin duda, enoturismo Castilla-La Mancha es sinónimo de viñas, campos repletos de historia e íntimos rincones que mantienen viva la esencia de Don Quijote.

Existen múltiples combinaciones para diseñar una interesante ruta por la mejor tierra del vino. El enoturismo Castilla-La Mancha no se limita exclusivamente a las actividades propuestas por las bodegas, sino que hay mucho más por descubrir. 

Junto a las tradicionales visitas guiadas, las catas y los maridajes especiales con vinos autóctonos, los establecimientos de la zona también mantienen vivo este espíritu. Gracias a todos ellos, el enoturismo Castilla-La Mancha es una realidad. 

Alojamientos con mucho encanto, enotecas, almazaras, queserías y restaurantes con exquisitas degustaciones gastronómicas son tan solo algunos ejemplos. La oferta enoturística castellanomanchega es muy amplia y variada. Por ello, a continuación, te mostramos diferentes puntos que debes incluir en tu recorrido por los escenarios que enamoraron a Cervantes.

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Enoturismo Castilla-La Mancha: ¿en qué consiste?

También llamado turismo enológico, el enoturismo fija su mirada en las regiones de producción vinícola. En pocas palabras, consiste en conocer las entrañas del mundo del vino. Las bodegas como espacio mágico sin igual, sus viñedos, el proceso de fabricación y su historia almacenan miles de secretos y curiosidades. 

En este caso, como en otros muchos, cultura, tradición y gastronomía se fusionan para potenciar la riqueza agrícola de la mitad sur peninsular. Además, en todos y cada uno de estos viajes, el amor por los entornos naturales se sitúa como una de sus premisas prioritarias.

Castilla-La Mancha, el mayor viñedo del mundo

Como recoge el diario del campo AgroCLM, nuestra región ocupa una posición de liderazgo en la industria agroalimentaria global. En este sentido, es la primera comunidad autónoma del mundo respecto a la extensión de terreno que dedica al desarrollo de los viñedos.

Las cifras resultan muy llamativas. Castilla-La Mancha aglutina el 49,8% del viñedo español y cerca del 7% del total de estas tierras de producción a nivel mundial. 

Además, desde un punto de vista geográfico, la vid manchega respira sobre una extensa llanura situada entre los 600 y los 900 metros sobre el nivel del mar. Esta favorable situación se traduce en un proceso de maduración uniforme y los mejores rasgos para el cultivo de la uva.

La mejor época del año para hacer enoturismo

En general, cualquier momento es bueno para disfrutar del enoturismo Castilla-La Mancha. Las bodegas y otros negocios de la industria del vino se amoldan a las distintas estaciones del año, ofreciendo siempre los mejores planes de ocio. Por tanto, la estacionalidad del sector, lejos de ser una desventaja, se ha reconvertido en aliada.

Sin embargo, muchos son los curiosos que se decantan por visitar Castilla-La Mancha al final del verano y durante las primeras semanas del otoño. 

Por tanto, lo más recomendable es acudir entre agosto y octubre. Es la época perfecta. En estos meses comienza la vendimia y, por tanto, se puede disfrutar del curioso proceso de recolección y tratamiento de la uva. Merece la pena no perder ni un solo detalle de todo lo que sucede en el campo.

Las zonas más recomendables del enoturismo Castilla-La Mancha

Tras conocer el concepto en profundidad, tampoco podemos obviar el carácter rural y local del enoturismo manchego. Gracias a la definición de sus rutas, los visitantes pueden descubrir diferentes emplazamientos en los que el vino, la gastronomía y la cultura ostentan un gran valor histórico.

La Manchuela y Alcalá del Júcar

Los paisajes de esta comarca de la provincia de Albacete son capaces de captar todas las miradas por méritos propios. El turismo y el amplio abanico natural de La Manchuela resultan muy sorprendentes para los foráneos.

Las calles de sus veinticinco pueblos rezuman historia por cada uno de sus poros. Por ello, uno de los núcleos más interesantes es Alcalá del Júcar, una auténtica belleza entre montañas donde parece haberse detenido el tiempo para siempre. 

Y, además, desde este entorno privilegiado, situado entre las provincias de Cuenca y Albacete, resulta imprescindible realizar una parada en Pagos de Familia Vega Tolosa (Casas-Ibáñez). 

Sin ninguna duda, una increíble experiencia, referente del enoturismo en Castilla-La Mancha, que te permitirá sumergirte en cada una de las fases de elaboración de diversos vinos de la más alta calidad.

Valdepeñas y Campo de Criptana

No existe ni un solo habitante de Valdepeñas que no presuma con orgullo de los vinos de su pueblo. Y es que motivos no les faltan, puesto que el resultado de sus cosechas identifica a esta localidad dentro y fuera de nuestras fronteras.

Con una perfecta combinación de bodegas grandes y pequeñas, Valdepeñas ha sabido conjugar tradición y modernidad. Sus restaurantes y locales culinarios son el vivo reflejo de ello. En su interior, se abre la puerta a una extensa y variada cultura del ‘buen comer y beber’.

Por su parte, Campo de Criptana regala un entorno arquitectónico único en el mundo. En la actualidad, ofrece unas espectaculares vistas desde los diez molinos que aún se mantienen en perfecto estado de conservación. Además, este municipio de Ciudad Real es uno de los principales representantes de la famosa y completa Ruta del Vino de La Mancha

Almansa

Perderse por las callejuelas de Almansa debería ser obligatorio. Su castillo, su embalse y la sierra de Mugrón configuran el telón de fondo perfecto para un viaje de retorno a la vida de principios del siglo XIV. 

Junto a ese carácter cultural tan marcado, toda la comarca protege con mimo el cultivo de tres variedades de uva autóctona: la Monastrell, la Garnacha Tintorera y la Syrah. Esta última, según algunas fuentes especializadas, con claros matices del francés valle del Ródano.

Un calmado paseo por sus viñedos te servirá para observar cepas de hasta 90 años. En definitiva, una materia prima imprescindible en la elaboración de vinos tintos y blancos de alta expresión