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Vino Vallejo Liebres Muertas de Vega Tolosa

Vallejo de las Liebres Muertas: un vino que guarda la memoria de nuestra familia

Hay nombres que despiertan preguntas. ¿Qué historia se esconde detrás de un lugar llamado Vallejo de las Liebres Muertas? ¿Y cómo llegó hasta allí una variedad de uva nacida lejos de nuestra tierra?

La respuesta nos lleva casi un siglo atrás, a una época marcada por la guerra, la amistad, los viajes y las ganas de seguir adelante. Nos lleva también a nuestro abuelo, José Tolosa, un hombre emprendedor que encontró en una visita a Francia la inspiración para plantar una variedad que, con el paso del tiempo, acabaría formando parte de la historia de nuestra familia: la Syrah.

Hoy, aquella decisión sigue viva en nuestros viñedos y da origen a un vino que mira al pasado sin dejar de avanzar hacia el futuro.

Nuestro vino Vallejo de las Liebres Muertas nace de una historia familiar que comenzó hace casi un siglo y que hoy encuentra una nueva forma de seguir viva.

En 2026 presentamos este vino de paraje, elaborado a partir de una selección de las mejores uvas de nuestra Syrah y de las barricas que mejor han evolucionado, reuniendo vinos de las añadas 2023, 2024 y 2025.

Una edición limitada de 2.980 botellas con la que queremos conservar nuestra memoria, reconocer el trabajo de quienes nos precedieron y seguir cuidando aquello que nos ha traído hasta aquí.

Una historia que comenzó con un viaje

Para entender Vallejo de las Liebres Muertas, hay que volver a 1939, al final de la Guerra Civil española.

Nuestro abuelo, don José Tolosa, fundador en 1930 de lo que hoy es Pagos de Familia VEGA TOLOSA, era un hombre inquieto y con una gran curiosidad por descubrir lo que ocurría más allá de su tierra.

En aquellos años, uno de sus mejores amigos se había marchado a Francia, a la región de Hermitage, en el valle del Ródano, conocida por sus grandes vinos. José viajó hasta allí para visitarlo y, durante aquella estancia, descubrió una variedad de uva que le sorprendió especialmente: la Syrah.

La experiencia le dejó una idea que decidió llevar consigo a casa. Se trajo algunos sarmientos de aquella variedad con la intención de plantarlos en sus propios viñedos y comprobar cómo se adaptaban a su tierra.

De regreso, buscó un lugar donde aquellas cepas pudieran crecer protegidas, en una zona de cierta altitud, resguardada entre valles y laderas. Encontró ese lugar en Casas-Ibáñez, en un paraje conocido desde antiguo como el Vallejo de las Liebres Muertas.

El nombre tiene su propia historia. Se decía que, cuando las liebres entraban en aquel valle, quedaban muy expuestas y eran presa fácil para las aves y los cazadores.

Un nombre ligado a la memoria del paisaje que, con el paso del tiempo, terminaría dando identidad a nuestro nuevo vino.

En 1995 se realizó una plantación de seis hectáreas de Syrah a partir de aquellas cepas. Desde entonces, este viñedo ha formado parte de la historia de nuestra familia y de nuestra manera de entender la viticultura.

Hoy, décadas después de aquel viaje a Francia, Vallejo de las Liebres Muertas recupera esa historia y la lleva a la botella.

Como explica Juan Miguel Tolosa, la elección del nombre es también una forma de reconocer de dónde venimos. Porque cuidar una viña es mucho más que mantenerla productiva: es conservar las decisiones, el esfuerzo y las experiencias que han dado forma a nuestra historia.

Y porque, a veces, el mejor modo de mirar al futuro es no olvidar todo lo que nos ha traído hasta aquí.

Un paraje singular entre el Júcar y el Cabriel

El vino Vallejo de las Liebres Muertas nace en un entorno que tiene mucho que decir sobre el carácter del vino.

El viñedo se encuentra en Casas-Ibáñez, a unos 750 metros de altitud y aproximadamente a 120 kilómetros del mar Mediterráneo, entre los valles de los ríos Júcar y Cabriel y dentro de la Reserva de la Biosfera Valle del Cabriel.

Aquí, el paisaje alterna laderas, valles y monte mediterráneo. Las encinas, los enebros, los tomillos y los pinares rodean las parcelas y forman parte de un entorno natural que cuidamos y queremos preservar.

El clima mediterráneo-continental marca el ritmo de la vid: veranos secos y calurosos, inviernos fríos y precipitaciones concentradas principalmente en otoño y primavera. Durante el verano, el viento solano, procedente del este, ayuda a refrescar las noches y favorece una maduración pausada de las uvas.

Los suelos, profundos y ricos en componentes calcáreos y minerales, permiten que las raíces exploren el subsuelo y encuentran los recursos que la planta necesita. Estas condiciones, junto con el manejo cuidadoso del viñedo, contribuyen a obtener uvas de gran concentración y calidad.

Pero un vino de parcela no se explica únicamente por su suelo o su clima. También habla de las personas que lo trabajan, de las decisiones que se toman cada año y de la atención que recibe cada cepa.

Por eso, Vallejo de las Liebres Muertas es un vino de paraje: porque queremos que su identidad esté vinculada a un lugar concreto y a la historia que hemos construido con él.

Cuidar la tierra para preservar su carácter

Nuestra familia trabaja con viñedos propios y ecológicos, convencida de que la calidad del vino comienza mucho antes de entrar en la bodega.

La viticultura ecológica forma parte de esa manera de cuidar el campo. No utilizamos fertilizantes químicos de síntesis y elaboramos nuestro propio compost orgánico a partir de restos vegetales de la vendimia y estiércol de oveja.

Para proteger las cepas, recurrimos a soluciones compatibles con el cultivo ecológico, al fomento de insectos beneficiosos y al uso de feromonas para ayudar a controlar determinadas plagas.

También prestamos especial atención a la biodiversidad que rodea las viñas. Mantener un entorno vivo, donde convivan distintas especies vegetales y animales, es una forma de proteger el equilibrio natural del que depende el viñedo.

La producción es muy limitada. Los bajos rendimientos permiten concentrar los aromas y sabores de la uva, y cada decisión se toma pensando en preservar su calidad y su personalidad.

En este proyecto, cuidar el viñedo significa también cuidar el paisaje que lo rodea y el legado que queremos transmitir a las próximas generaciones.

Una elaboración que respeta el origen

Vallejo de las Liebres Muertas se elabora a partir de una selección de las mejores uvas de Syrah de la parcela y de las barricas que han evolucionado de manera más favorable. Para construir su expresión final, se han seleccionado vinos de las añadas 2023, 2024 y 2025.

El trabajo comienza en el viñedo, con una vendimia manual en cajas de siete kilos. De este modo, las uvas llegan a la bodega en buenas condiciones y pueden seleccionarse cuidadosamente antes de iniciar la elaboración.

Después de una nueva selección, las uvas pasan por una maceración prefermentativa en frío durante 24 horas. Este proceso ayuda a extraer los aromas de la variedad y a preservar su expresión frutal.

La fermentación se realiza de forma espontánea, con las levaduras autóctonas presentes en las uvas. Buscamos así respetar la identidad de la Syrah y permitir que la fruta y el origen tengan un papel protagonista.

A continuación, el vino se trasiega a ocho barricas de roble francés de 300 litros, donde evoluciona lentamente. Durante esta etapa, el vino gana complejidad y estructura, mientras el tiempo contribuye a integrar sus distintos matices.

La clarificación se produce de manera natural en las propias barricas, mediante la decantación. Además, el vino no se filtra, una decisión que responde a nuestra voluntad de intervenir lo menos posible y preservar el potencial de la uva.

La selección final de barricas es una parte esencial de este proyecto. No todas evolucionan igual, y solo aquellas que alcanzan la expresión que buscamos forman parte de Vallejo de las Liebres Muertas.

El resultado es un vino que reúne tres añadas y una selección muy concreta: 2.980 botellas de una edición limitada en la que cada detalle responde a una misma intención, cuidar la identidad de la parcela y expresar su carácter con honestidad.

Descubrir Vallejo de las Liebres Muertas: intensidad, equilibrio y tiempo

En la copa, Vallejo de las Liebres Muertas muestra un color rubí limpio y brillante, marcado por su evolución y crianza.

En nariz, aparecen la fruta negra y las especias, con recuerdos de pimienta y cuero que aportan profundidad y complejidad. Son aromas que invitan a detenerse, a volver a la copa y descubrir cómo se van desplegando sus matices.

En boca es intenso y equilibrado. La fruta, las notas especiadas y los recuerdos de crianza se integran en un conjunto que busca mantener la armonía sin renunciar a la personalidad. Su final es largo y persistente, dejando una sensación que permanece después del último sorbo.

Es un vino para disfrutar sin prisa, prestando atención a cómo evoluciona en la copa y a la forma en que sus diferentes capas se van expresando.

En la mesa, puede acompañar platos con profundidad de sabor, como carnes asadas a fuego lento, guisos de larga cocción, caza o preparaciones con setas y hierbas aromáticas. También invita a disfrutar de una buena conversación, de una comida que se alarga o de esos momentos en los que merece la pena abrir una botella especial.

Porque el disfrute del vino no está solo en lo que percibimos al probarlo. También está en conocer la historia que guarda, el paisaje del que procede y las personas que han dedicado su tiempo y su esfuerzo a hacerlo posible.

Un legado que continúa en cada botella

Vallejo de las Liebres Muertas es nuestro homenaje a una historia familiar que comenzó en 1930, a un viaje que dejó huella en nuestros viñedos y a todas las personas que, generación tras generación, han contribuido a construir Pagos de Familia VEGA TOLOSA.

Es también una forma de mirar nuestro paisaje con otros ojos, de reconocer el valor de una parcela concreta y de seguir explorando lo que puede ofrecernos una variedad como la Syrah en nuestra tierra.

Cada botella recoge una parte de ese recorrido: la memoria de quienes estuvieron antes, el cuidado de quienes trabajan hoy en el campo y la responsabilidad de preservar este legado para quienes vendrán después.

Vallejo de las Liebres Muertas. Un lugar, una historia y una edición limitada de 2.980 botellas.

Un vino para descubrir con calma y disfrutar sabiendo que, a veces, lo que hace especial a una botella es todo lo que ha ocurrido antes de llegar a la mesa.

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Imagen de un símbolo de reciclaje en negro, representando un movimiento circular ecológico para el cuidado del medio ambiente.

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